Hija y nieta de policías, Verónica García Adler encarna la definición de Poder Sutil: una super cuyo don se desliza entre la sociedad sin levantar alarmas, cual variante moderna del Don Silencioso. Su expediente académico es inusualmente corto: pasó apenas un año en los centros de formación para metahumanos. Cuando los evaluadores comprendieron que sus capacidades no representaban una amenaza, le dieron el visto bueno para volver a su vida normal.
Verónica (Vero para amigos y conocidos) decidió seguir la tradición familiar e ingresar en el Cuerpo Nacional de Policía, donde sus poderes de teleportación encajaron perfectamente. Tras diez años en el Cuerpo y alcanzar el rango de Inspector, actualmente está adscrita a la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) de Poderes , perteneciente a la Comisaría General de Seguridad Ciudadana. Además de estas responsabilidades cumple funciones de enlace del CNP con la APE en Madrid.
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